NUTRICIÓN (nota 1)
Alimentos Completos
pero ignorados
Una gama de alimentos que por su alto valor nutricional y su facilidad para incluirlos en diversos platos deberían integrar nuestra dieta en forma cotidiana.
Si se conocieran mejor y se probaran un poco más la soja, el polen, el sésamo y la levadura, se comprendería que podrían ser parte sustancial de una alimentación “deportiva” que necesita de un aporte complementario de vitaminas y minerales.
Levadura: contra la fatiga y la depresión
Las levaduras son hongos encargados de fermentar distintos productos: vino, pan, etc. La de cerveza se desarrollan sobre la malta y transforman los azúcares en alcohol y dióxido de carbono con desprendimiento del calor. Forman un polvillo finísimo, blanquecino y con un olor característico. La levadura de cerveza tiene un alto contenido en productos minerales y vitamínicos y en proteínas.
Está compuesta, principalmente, por 16 aminoácidos y todas las vitaminas del grupo B.
Un alto porcentaje de B1, (tiamina) y B2 (rivoflavina); en menor grado se encuentra B3 (niacina), y B6, (piridoxina), ácido pantoteico, biotina, colina, ácido fólico e inotisol. Algunas variedades contienen también pequeños porcentajes de vitamina B12.
La levadura posee también grandes cantidades de fósforo, hierro y calcio, así como cromo y selenio. Pero esta composición varía entre un tipo y otro.
Desde luego, existen pocos alimentos que como la levadura, pueden aportar a nuestro organismo la cantidad necesaria de vitamina B. Aunque esta última se encuentre en algunas semillas, frutos secos, verduras y carnes, no están allí presentes todas las del grupo y, en el caso de necesitarse una preparación, el calor las destruye fácilmente.
Las deficiencias en este grupo vitamínico producen depresión, fatiga, irritaciones en la piel, llagas en la mucosa de la boca y palpitaciones.
La lengua es un buen indicador de su falta o de un aporte deficiente. Si normalmente tiene un color rosado, la privación de vitaminas B hace que aparezcan estrías y surcos en su superficie y contorno.
Existen varias formas de presentación de la levadura de cerveza, en forma de polvo seco es la más utilizada, ya que puede espolvorearse fácilmente sobre las ensaladas, sopas, jugos, yogur, batidos, etc.
Si bien algunas personas experimentan cierta flatulencia al comenzar a consumirla, estos síntomas desaparecen rápidamente con el consumo continuado.
Es entonces cuando se pueden aumentar la dosis inicial de media cucharadita al día, a dos o tres. Si la intolerancia permanece, se deberá cambiar de tipo de levadura. Pero, eso sí, nunca deben consumirse frescas, pues para multiplicarse en el intestino necesitan un aporte de vitaminas del grupo B que robarán de nuestro organismo.
Por ello, deben pasar un proceso de secado y desactivado.
Por su bajo contenido en calorías, en proporción a su valor dietético, las levaduras también resultan útiles en regímenes de adelgazamiento.
Y debido a su alto contenido vitamínico se puede utilizar como reconstituyentes en enfermedades generales.
Sin embargo, no deben consumirla aquellas personas que padezcan gota o cálculos renales por el alto contenido en purinas que la tornan perjudiciales ante estos cuadros.
100 g. de extracto seco de levadura de cerveza contienen:
* 100 mg de vitamina B1 (tiamina).
* 5 mg de vitamina B2 (riboflavina).
* 30 mg de vitamina B3 (niacina).
* 4 mg de vitamina B6 (piridoxina).
* 7,5 mg de vitamína H (biotina).
* 100 mg de inotisol.
* 10 mg de ácido pantoteico.
* 1mg de colina.
* 0,5 mg de ácido fólico.
* 0,8 g de fibra.
* 46 g de proteínas.
* 380 calorías.
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